PISOS DIGNOS



Hablar de vivienda es hablar de algo profundamente humano. Una casa no comienza en sus paredes ni termina en su techo: inicia cuando una persona siente que tiene un lugar al cual pertenecer, donde puede proteger a quienes ama y construir su historia. Por esta razón, la Prefectura del Azuay concibe la vivienda como una política social que impacta la vida cotidiana de las familias a través de dos ejes de acción: por un lado, el mejoramiento de las condiciones de quienes habitan en situación de precariedad mediante el programa “Pisos Dignos”; por el otro, la generación de oportunidades reales para que los hogares que carecen de un techo propio accedan a una Vivienda de Interés Social. En ambos casos, más allá del cemento o de la infraestructura, prevalece la dignidad de cada familia.
Hasta agosto de 2026, la institución ha construido 215 pisos dignos como parte de esta iniciativa impulsada desde 2025.
Cuando la vivienda se analiza desde la perspectiva de la mujer, su significado adquiere una dimensión aún más profunda. La mujer da vida, pero también la sostiene: cuida, alimenta, protege, educa, reúne y, en muchas ocasiones, acoge como familia incluso a quienes no llevan su propia sangre. Especialmente en la ruralidad azuaya, es frecuente encontrar mujeres que han hecho de su hogar el centro desde donde sostienen a hijos, padres, abuelos y comunidades enteras. Por ello, cuando una madre deja atrás un piso de tierra, no solo cambia la estructura de su casa; se transforma el espacio donde sus hijos juegan, duermen, aprenden y crecen. Asimismo, cuando una mujer accede a una vivienda propia, recibe más que una llave: encuentra seguridad, pertenencia y la posibilidad de mirar el futuro con mayor certeza.
Ese es el verdadero valor social que busca construir la Prefectura del Azuay: no se trata únicamente de entregar metros cuadrados, sino de transformarlos en oportunidades de vida. Detrás de cada vivienda existe una historia y, en el centro de ella, suele estar una mujer sosteniendo a su hogar. Trabajar por una vivienda digna implica reconocer ese esfuerzo constante y comprender que, al brindar seguridad a una mujer, se fortalece un hogar; al fortalecer un hogar, se protege a una familia; y al proteger a las familias, se construye un Azuay más digno, humano y solidario.
